La formación doctoral va mucho más allá de la producción de conocimiento científico. Además de formar a investigadores altamente especializados, contribuye a desarrollar profesionales con capacidad de pensamiento crítico, liderazgo, creatividad y adaptación a entornos complejos y cambiantes. Este es el mensaje principal de una nueva publicación de la Liga de Universidades de Investigación Europeas (LERU), alianza que agrupa a las 24 principales universidades intensivas en investigación de Europa, entre ellas la Universidad de Barcelona.
Recomendaciones para potenciar el impacto social de la formación doctoral
El documento identifica diversas condiciones necesarias para que la formación doctoral pueda desplegar todo su potencial, formulando cuatro recomendaciones dirigidas a los principales agentes implicados.
En primer lugar, insta a las universidades a continuar reforzando la calidad de la supervisión doctoral, el desarrollo de competencias transversales y la vinculación de los doctorandos con la sociedad.
En segundo lugar, reclama a organismos financiadores que garanticen marcos de financiación estables y sostenibles, que protejan la libertad académica y faciliten trayectorias profesionales diversas, tanto en el sistema universitario como en otros sectores.
En cuanto a los responsables políticos, el documento propone reconocer la formación doctoral como una infraestructura pública esencial para el desarrollo de la innovación, la fortaleza de las instituciones democráticas y la prosperidad de las sociedades a largo plazo.
Por último, anima a las empresas a valorar más a las personas doctoradas, no solo por sus conocimientos especializados, sino también por su capacidad de liderar proyectos, gestionar situaciones complejas e impulsar transformaciones.
